Vivimos tiempos de trinchera. Si echamos un vistazo al ágora moderna —ese híbrido extraño entre el Congreso de los Diputados y la red social X—, la política española parece haberse reducido a un juego de suma cero: para que yo gane, tú debes ser aniquilado.
Sin embargo, entre el ruido de la polarización, existe un concepto viejo, casi olvidado, que merece ser desempolvado, sacudido y actualizado: el del «buen repúblico».
Ojo, no hablo aquí necesariamente de la dicotomía Monarquía-República (esa es una discusión sobre la forma del Estado). Hablo del «repúblico» en su sentido etimológico y filosófico más profundo: aquel que se ocupa de la Res Publica (la cosa pública). Hablo de una actitud vital ante el poder y la libertad.
¿Cómo se traduce este ideal clásico a la España del siglo XXI? ¿Qué significa ser un buen repúblico hoy?
1. La sospecha como virtud (contra el sectarismo)
En la tradición del republicanismo cívico (desde Cicerón hasta Philip Pettit), la libertad no es solo que nadie te moleste (libertad liberal); es la ausencia de dominación. Es saber que nadie tiene un poder arbitrario sobre ti.
El «buen repúblico» actual no es un hooligan que aplaude todo lo que hace su líder. Al contrario, es un escéptico militante.
- Filosóficamente: Entiende que el poder tiende, por naturaleza, a expandirse hasta que encuentra límites (Montesquieu).
- En la práctica: Si votas a un partido, tu deber como repúblico no es defenderlo a capa y espada en la cena de Navidad, sino ser su crítico más feroz cuando se desvía del interés general. La lealtad del repúblico es a la Ley y a la Libertad, no a las siglas.
2. El algoritmo y la caverna de Platón
Hoy, la mayor amenaza para el ciudadano no es solo la corrupción económica, sino la corrupción cognitiva. Las redes sociales nos encierran en cámaras de eco donde solo escuchamos nuestra propia voz rebotada.
El buen repúblico del siglo XXI debe practicar una ascética digital:
- Debe resistirse a la indignación fácil.
- Debe buscar activamente los argumentos de la parte contraria, no para ridiculizarlos, sino para entender si contienen una partitura de verdad.
- Entiende que el otro no es un enemigo a abatir, sino un adversario legítimo con el que comparte una comunidad política. Sin el «otro», no hay política, solo guerra.
3. Institucionalismo vs. Caudillismo
España ha pecado históricamente de un exceso de personalismo. Buscamos salvadores, «hombres fuertes» o líderes carismáticos. El repúblico, en cambio, es aburridamente institucionalista.
«Las personas pasan, las instituciones quedan.»
Filosóficamente, esto implica reconocer que el procedimiento es tan importante como el resultado. Un buen repúblico defiende la separación de poderes y la independencia judicial incluso cuando estas fallan en contra de sus intereses ideológicos. Si solo defiendes las reglas del juego cuando ganas, no eres un demócrata, eres un oportunista.
4. La libertad política colectiva
Hannah Arendt decía que la libertad política es algo que se ejerce entre los hombres, en el espacio público. En la España actual, a menudo confundimos libertad con «hacer lo que me da la gana» (consumo privado).
El buen repúblico sabe que su libertad individual es frágil si no existe una libertad política colectiva. Esto implica:
- Participación más allá del voto cada cuatro años.
- Asociacionismo civil.
- La defensa de lo común (la sanidad, la educación, el medio ambiente, pero también la verdad factual) como la base material que permite que seamos libres.
Conclusión: El heroísmo de la moderación
Ser un buen repúblico hoy en España es un acto contracultural. Es más fácil dejarse llevar por la corriente del odio, compartir el meme que insulta al rival y refugiarse en la tribu.
El verdadero desafío filosófico actual es mantener la cabeza fría cuando todos alrededor la pierden. El buen repúblico es aquel que, en medio de la gritería, pide la palabra para recordar que, por encima de las facciones, existe una nación de ciudadanos libres e iguales que merecen respeto.
La pregunta no es a quién vas a votar en las próximas elecciones. La pregunta es: ¿Estás construyendo República (comunidad política) o estás cavando trincheras?
