El dato es frío, pero la realidad que esconde es incandescente. España ha vuelto a ceder terreno en una de las métricas más vigiladas por inversores, organismos internacionales y la propia ciudadanía: la integridad pública.

Según el último informe publicado por Transparency International, España ha descendido un punto en el Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) de 2025, situándose con una puntuación de 55 sobre 100.

A primera vista, perder un solo punto podría parecer una anécdota estadística. Sin embargo, en el contexto de la Unión Europea y de las economías desarrolladas, este descenso confirma una tendencia preocupante: el estancamiento institucional.

¿Qué significa este 55/100?

Para entender la gravedad, hay que recordar cómo funciona el índice. La escala va de 0 (muy corrupto) a 100 (muy limpio). Estar en 55 nos coloca en una zona de «aprobado raspado». No estamos en el abismo, pero estamos lejos de la excelencia de los países nórdicos o de nuestros socios más competitivos.

Bajar de 56 a 55 implica que la percepción de expertos y empresarios sobre el sector público español ha empeorado. No se trata solo de casos mediáticos de corrupción —que siempre hacen ruido—, sino de la capacidad del sistema para prevenirlos y castigarlos.

Las causas del desgaste

¿Por qué España no logra remontar el vuelo? Aunque el informe de Transparency International es cuantitativo, las razones cualitativas que orbitan en el análisis político español son claras:

  • Bloqueo y politización de la Justicia: La falta de renovación de órganos clave o la percepción de que la justicia actúa con tiempos políticos erosiona la confianza en el árbitro del sistema.
  • Falta de reformas estructurales: Seguimos arrastrando leyes de transparencia que, aunque existen, a menudo carecen de «dientes» para sancionar el incumplimiento.
  • Polarización extrema: El ruido político ensordecedor impide llegar a pactos de Estado contra la corrupción. Cuando la corrupción se usa como arma arrojadiza en lugar de como un problema a solucionar, el sistema se resiente.

El coste de la desconfianza

Este descenso no es solo un golpe al orgullo nacional; tiene un coste tangible.

  • Inversión Extranjera: El capital es cobarde. Los inversores buscan seguridad jurídica y entornos predecibles. Un país que baja en el ranking de transparencia es, automáticamente, un país con mayor «riesgo reputacional».
  • Desafección Ciudadana: Si la percepción es que las instituciones no son limpias, la democracia se debilita. El 55/100 es combustible para los discursos antipolíticos y populistas.

Conclusión: Urge un golpe de timón

España no puede conformarse con estar en la mitad de la tabla. Un país que aspira a liderar en Europa no puede permitirse un goteo constante en su credibilidad institucional.

El dato de 2025 debe servir como una sirena de alerta. Recuperar ese punto perdido —y sumar muchos más— no depende de un solo partido ni de una sola legislatura. Depende de blindar las instituciones, proteger a los denunciantes de corrupción y, sobre todo, acabar con la sensación de impunidad.

La pregunta que os dejo hoy es: ¿Creéis que este descenso responde a casos puntuales recientes o es el síntoma de un agotamiento del sistema actual?